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Los nuevos desafíos de los que trabajan con la voz

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Cada 3 de julio se rinde homenaje a quienes hacen de la locución un arte. Tina Gardella reflexiona sobre las implicancias de ejercer la profesión en pandemia.

Hoy se celebra el día del locutor: la voz de esa persona que a diario acompaña, escucha y empatiza con la sociedad y que, quizás, de forma casi imperceptible se hace lugar dentro de nuestro hogar y entra en nuestra rutina, y a la vez marcha firme y se consagra como un actor clave.

“La locución está movida siempre por dos elementos: la época en que nos toca vivir y la interpelación tecnológica (las plataformas, las redes, etcétera)”, advierte la directora de la carrera de Locución de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (Unsta),

El paso del tiempo y los cambios que se producen en el imaginario colectivo obligan a los profesionales a procurar formas de relacionarse con el público que se van transformando, pero que nunca dejan de tener un denominador común: la responsabilidad social.

“Cómo van cambiando las cosas hace que, más allá de una matriz de estética vocal, se necesiten otras dimensiones a manejar que son cada vez más fundamentales. Quien hace uso del micrófono tiene una tremenda responsabilidad”, considera.

Esa tarea, el compromiso de comunicar, tiene una carga mayor si se analiza en el contexto actual. La pandemia y el aislamiento han quebrado todas las estructuras conocidas y obligan a encontrar nuevas maneras de comunicar, “Estamos hablando de pandemia: muerte, pérdidas, falta de trabajo, soledad, encierro. Entonces, ¿cómo hacer para que, sin esconder lo que está pasando, no se fomente el desánimo, la paralización, el miedo, la angustia, pero a la vez que la gente se aferre a sus sueños y esperanzas?. Hay que buscar la forma de acompañar. Creo que de todas las profesiones, la locución es la que mejor lo sabe hacer”, estima Gardella.

Cuidar al oyente
El sinónimo de acompañar es cuidar, pero se presenta un nuevo reto: ¿cómo cuida un locutor si ni siquiera conoce a quien está del otro lado? “Lo hace cuidándolos del egoísmo, de la crueldad, de las palabras huecas, del sinsentido, de la opinión propia”, responde la docente, y advierte que hay una tendencia a la autorreferencialidad: “‘yo creo u opino tal cosa del gobierno’, se suele escuchar”, dice y recuerda, que el profesional ante el micrófono habla como un personaje público y que el medio, cualquiera fuere, es de servicio público.

La experiencia conviviendo con el coronavirus se traduce hoy en un llamado a la acción y, si bien, aquellos momentos de reflexión son importantes, es necesario también tener un rol más proactivo. “No es la retórica permanente, es decir: ‘locutores, hagan de la palabra la compañía y el cuidado que la gente necesita, siempre considerando el nivel de nuestros públicos, que son muy inteligentes, respetuosos, que nos hacen sentir su cariño. Hay que devolverles la realidad de lo que está pasando, pero siempre apostando al optimismo esperanzador”, agrega Gardella.

En un escenario tan complejo, es necesario ajustar el discurso y tomar ciertos recaudos. ¿A qué le tendríamos que decir ‘no’? “Una de las primeras cuestiones que tenemos que rechazar es la autorreferencialidad, la opinión por la opinión misma, el individualismo, el subestimar al público”, sostiene. En contraposición, recomienda optar por la autopercepción, el posicionamiento profesional. “Estar siempre del lugar de la gente, de quien necesita, del trabajo en equipo y del crecimiento del público”, subraya.

Fuente y nota completa La Gaceta

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