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Presentación del Libro “Abadía Cristo Rey…Su historia. El Siambón, Tucumán, Argentina”

Con la participación de numeroso público se presentó el libro “Abadía Cristo Rey…Su historia. El Siambón, Tucumán, Argentina”, obra que integra la Colección de Historia del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNSTA. En el evento tomaron la palabra el P. Pedro E. Gómez osb, la Dra. Sara Amenta y el autor del libro, José Veronesi osb, quien relató su trabajo de décadas de investigación, recopilación y escritura de la memoria de la comunidad benedictina en Tucumán. El trabajo de edición estuvo a cargo de la Dra. Ana Cecilia Aguirre.

Palabras de presentación – Dra. Sara G. Amenta

La publicación del libro “Abadía de Cristo Rey. Su Historia”, como un volumen de
la colección que se publica desde el Instituto de Investigaciones históricas de la
Facultad de Humanidades de la UNSTA, constituye un valioso aporte al
recuperación de la memoria de la iglesia en Tucumán.
Junto al excelente trabajo de escritura que hizo su autor, el P. José Veronesi y los
aportes de edición del libro de su colaborador Alejandro Ordoñez, queremos
agradecer a la Dra Ana Cecilia Aguirre, quien realizó el trabajo de revisión del
texto y de las imágenes y coordinó la edición de este libro junto a Carla Pasarell
de la Editorial UNSTA. Además quisiera agradecer a la Hna Teresa Maria Gallardo,
de la congregación de las hermanas dominicas, quien con la lectura minuciosa del
texto libro, realizó un valioso aporte en la preparación de esta presentación.
El P. José Veronesi asumió desde hace más de 20 años la ardua tarea de escribir
la historia de su monasterio, siendo a su vez uno de sus protagonistas, testigo
privilegiado de esta narración. Se dedicó a recoger y clasificar minuciosamente
las fuentes documentales y fotográficas, a la vez que prestó atención a los
testimonios orales de quienes participaron en la vida del monasterio, sus
compañeros de camino.
El libro tiene una estructura cronológica dividida en 9 etapas que abarcan un
periodo de 30 años que se prolonga desde 1955 a 1984.
Así el P. Jose, narra cómo la Abadía de Cristo Rey es fundada desde la Abadía
del Niño Dios de Victoria (Entre Ríos). Desde allí llegaron a Tucumán los primeros
monjes buscando volver a los orígenes de la vida monástica, convirtiendo con el
tiempo al monasterio en el corazón de la iglesia de Tucumán. El autor describe
minuciosamente los avatares de los primeros años, la generosidad de las familias
donantes del terreno y del apoyo económico para la construcción, la colaboración
de sacerdotes, religiosas y laicos, en especial la entusiasta disposición del P. de
Bassols, quien desde el obispado de Tucuman, hizo de intermediario en la gestión
de la instalación del monasterio y de los padres lourdistas quienes fueron un
apoyo fundamental en la acogida de la nueva comunidad.
Los monjes que arribaron a Tucumán buscaban una vida retirada, de oración,
comunidad, silencio y trabajo manual y los cerros tucumanos constituían un lugar
ideal para ello. Pero este proyecto provocó tensiones con el Obispo, Mons.
Aramburu, obispo de Tucumán, quien ante las necesidades pastorales de su
diócesis, solicitaba a los monjes que asumieran tareas parroquiales. La comunidad
resistió a tales propuestas manteniéndose firme en su identidad monástica, lo que
les ocasionó algunos conflictos con el Obispo y por momentos el peligro de
supresión de este proyecto fundacional.
Un punto de inflexión en la vida de la naciente comunidad monástica de El
Siambón, fue la recepción de los documentos del Concilio Vaticano II que como
algunos historiadores expresan, constituyó un terremoto en la vida de la iglesia en
América Latina y en Argentina en particular. El monasterio no fue ajeno a esta
tormenta de los años 60 y 70. Los cambios culturales de la sociedad y los que se
sucedían al interior de la iglesia impactaron fuertemente en la vida del monasterio.
Los avatares que produjeron los cambios propuestos por el Vaticano II y su
repercusión en la vida monástica, fueron reflejados con detalle en las actas de
reuniones de los monjes, en las crónicas conventuales, en los informes de visitas
canónicas y en las numerosas cartas que se conservan en el archivo.
De todas estas fuentes se sirve el P. José para abordar con valentía y honestidad
intelectual este periodo tan convulsionado en la vida de la iglesia y en la del
monasterio del Siambon en particular. Describe las numerosas reuniones de
abades realizadas en Europa para acordar la adecuación de la vida monástica a
las nuevas disposiciones conciliares y las reuniones regionales de los referentes
de la vida monástica en América Latina.
Se detallan los cambios en la liturgia, el uso de la lengua vernácula reemplazando
el latin, la incorporación del bombo y la guitarra como grandes transformaciones
en la práctica litúrgica del monasterio.
La comunidad monástica trató de adecuarse a los nuevos signos de los tiempos,
buscando asumir una presencia en el barrio circundante, comprometiéndose en
tareas de promoción humana desde la comisión vecinal, la organización de un
puesto sanitario, la gestión de un destacamento policial y la organización de una
fábrica de producción de dulces. A la vez se decidió abrir la hospedería para
acoger nuevos huéspedes, familias y jóvenes y se propusieron otras experiencias
de vida monástica insertas en un barrio pobre de la ciudad o en una pequeña casa
más cercana al estilo de los pobladores de la zona de El Siambón.
El P. José Veronesi, realiza una lectura valiente de la historia de su propia
comunidad, se atreve a interpretar sus sueños y también sus contradicciones. Se
detiene en mostrar las tensiones ideológicas al interior de la Abadía y los intentos
de conciliación de posturas más abiertas a la misión y la vida inserta en medios
pobres con las más centradas en la vida contemplativa.
Se suceden una serie de visitas de abades de otros monasterios que buscan
colaborar armonizar las posturas y los diferentes proyectos de la comunidad del
Siambon. A la vez que se reciben nuevas vocaciones y se decide la fundación
desde El Siambon de un monasterio en la La Paz, provincia de Córdoba,
verdaderos signos de la vitalidad de la comunidad vivida en medio de las
tensiones por las diferentes maneras de comprender la renovación conciliar.
El autor puso de manifiesto su probidad intelectual, poniendo de manifiesto que su
escritura es sumamente coherente con la realidad vivida. El P. Jose ha producido
un texto valiente, honesto, es loable su tarea de escritura de la historia de su
propia comunidad, realizada con fidelidad a las fuentes y a su memoria misma.
Hace unos años Fray Timothy Radcliffe nos decía:
“¿Nos atrevemos a narrar con tanta valentía la historia de la Iglesia e incluso de la
Orden?. ¿Nos atrevemos a narrar una historia de la Iglesia liberada de todo
triunfalismo y arrogancia, que reconoce los momentos de división y de pecado?.
Ciertamente que la buena nueva, el fundamento de nuestra esperanza, es que
Dios ha aceptado como suyo precisamente a este pueblo falible y batallador. Del
mismo modo, cuando aprendemos la historia dominicana se nos cuentan las
glorias del pasado. ¿Nos atrevemos a contar los fracasos, los conflictos?.Esta
historia nos da finalmente más esperanza y confianza en que Dios trabaja siempre
con “vasos de barro para que aparezca la extraordinaria grandeza de que el poder
es de Dios y no viene de nosotros” como leemos en la Segunda Carta a los
Corintios capitulo 4 versículo 7 y que incluso Dios puede conseguir algo a través
de nosotros”.
Este deseo de un dominico para quienes escribimos historia dominicana se ha
cumplido en el texto de un benedictino sobre la historia benedictina. Invito a todos
a disfrutar de esta lectura que nos abre la intimidad de una comunidad, con sus
sueños y proyectos, sus logros y fracasos y que nos permite descubrir la
complejidad de la vida monástica que es espejo de la nuestra.
Los monjes como cada uno de nosotros somos vulnerables y estamos invitados
-como lo indica el P. Veronesi- a descubrir desde una mirada de fe, la presencia de
un Dios que comprende nuestra debilidad y nos salva desde ella.
Los monjes y nosotros podemos leer esta historia y decir con el autor del texto del
libro del deuteronomio: “Durante los cuarenta años que Dios nos condujo por el
desierto, hemos estado caminando y jamás nuestras ropas se envejecieron ni
nuestros pies se hincharon, porque Él ha estado con nosotros”.

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